Edna O'Brien - Un lugar pagano

sábado, 7 de octubre de 2017



Título original: A Pagan Place
Traducción: Regina López Muñoz
Año: 1970
Editorial: Errata Naturae
Páginas: 256
Valoración: ★★


La niñez es ese período crepuscular en el que nacen los mitos. Es la lente a través de la cual miramos el mundo, nuestro mapa de carreteras. Todo lo que ocurre durante esta primera etapa de la vida es susceptible de cobrar una importancia fundamental a la hora de moldearnos como individuos. Por eso nos pasamos tanto tiempo navegando en sus honduras y tratando de explicar sus misterios. Hay, no obstante, quienes prefieren arrojar su pasado a una fosa. Mantener un pesado silencio sobre acontecimientos que es más prudente olvidar. No es ni mucho menos una solución cobarde. Sin embargo, la buena literatura no se caracteriza precisamente por rehuir el conflicto. 

En Un lugar pagano, la escritora irlandesa Edna O'Brien, una de las voces más importantes y representativas de su generación, acomete un osado enfrentamiento con la infancia atribulada de su protagonista en el que destaca sobre todo la ausencia de tapujos y medias tintas. Este personaje, de fuerte inspiración autobiográfica, se dirige a sí misma (a una versión, sin duda, mas joven e inocente) haciendo uso de la segunda persona narrativa. Este singular pero efectivo mecanismo es el hilo que O'Brien utiliza para tejer una historia brutal, íntima y conmovedora a partes iguales que evoca de manera muy vívida la atmósfera que reinaba en la Irlanda rural a principios del siglo XX. Criada en el seno de una familia desfigurada por las constantes tensiones de la época, la protagonista de Un lugar pagano alterna las descripciones del trabajo en el campo con los menesteres de la vida doméstica, marcada por las constantes disputas de sus progenitores, una creciente rivalidad con su hermana y la arraigada influencia del catolicismo en todas las esferas de la sociedad.

El tratamiento que hace Edna O'Brien de la voz narrativa a lo largo de la novela me parece sencillamente magistral y constituye sin ninguna duda una de sus mayores bazas. La forma de concatenar pensamientos deslavazados y experiencias aisladas unas de otras es fascinante a más no poder y recrea de manera espectacular los procesos que intervienen en la memoria humana. Esta corriente que fluye incansable a través del texto va desperdigando entre las páginas de Un lugar pagano frases lapidarias y mensajes que te golpean con gran intensidad cuando menos te lo esperas. Se trata de una obra adictiva, poética y tremendamente provocativa, tanto en su tono como en el empleo de sus recursos narrativos. Un lugar pagano revela las ponzoñosas entrañas de la jerarquía religiosa y habla de manera abierta sobre el despertar sexual, la perdida de inocencia y el desafío a las costumbres establecidas, pero también de las subyugantes fuerzas que enseguida se alzan para reprimir cualquier atisbo de su insurrección femenina. Supone además una entrañable invitación a explorar la identidad propia desde la perspectiva que aportan el paso del tiempo y la distancia, así como el aprendizaje forzoso de la adolescencia que, por desgracia, a veces nos obliga a adoptar medidas desesperadas.

Mi primer contacto con la obra de Edna O'Brien ha sido una experiencia muy satisfactoria. Casi como volver a la niñez, deteniéndome en los detalles, auscultando sus relieves, iluminando sus recovecos. La acogedora calidez de su prosa y la indescriptible ternura que es capaz de transmitir incluso en los momentos más crudos me han acompañado durante este viaje y me han servido de guía. No sé a dónde me conducirá el próximo trayecto. Pero sí tengo claro que habrá muchos libros de Edna O'Brien por el camino.

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